Heriberto Cano, fotógrafo de la memoria

*La historia del artista de la lente empezó por amor cuando quiso retratar a su primera hija y desde entonces caminó sin mapa, sin prisa, cruzando laderas; sus exposiciones, algunas individuales, otras colectivas, han recorrido casi todo Puebla

Jaime Carrera

Puebla, Pue.- La vida de Heriberto Cano Méndez puede leerse como una caminata larga, constante, entre la niebla y la luz. Una caminata que comenzó en la música y terminó en la fotografía.

O, mejor dicho, en ambas, porque fue su rostro de artista el que primero apareció en los periódicos, y fue esa misma curiosidad, ese asombro al verse en imágenes impresas, la que sembró la inquietud que más tarde florecería en pasión.

Su historia con la lente empezó, como muchas cosas verdaderas, por amor. Quiso retratar a su primera hija y para ello se compró una cámara. Ese gesto sencillo encendió una llama que no se ha apagado desde entonces. Corría el año de 1991 cuando Heriberto comenzó a tomar cursos, a hacerse de equipo, a archivar imágenes que hoy, décadas después, forman parte de un vasto acervo que ni él mismo se atreve a cuantificar.

De aquellas primeras tomas familiares y experimentales, pronto dio el salto a los paisajes y a la vida en movimiento.  Su andar fotográfico comenzó en la sierra nororiental de Puebla, impulsado por el amor y por la geografía misma del lugar.

Heriberto caminó sin mapa, sin prisa, cruzando laderas entre lugares como Teteles de Ávila Castillo, Atempan o Coahuixco, donde descubrió no solo paisajes neblinosos de una belleza conmovedora, sino también escenas vibrantes de cultura viva: “danzantes con máscaras improvisadas, con sus Reebok traqueteados y su indumentaria tradicional, improvisando milagros visuales.

Con el tiempo, entendió que su cámara no solo registraba, también documentaba la transformación de esas tradiciones. Su archivo es hoy testimonio del devenir de muchas de esas danzas: cómo vestían antes, cómo visten ahora, cómo se ha adaptado lo ancestral al presente sin perder su esencia.

Sus exposiciones, algunas individuales, otras colectivas, han recorrido casi todo Puebla. Entre los proyectos que más lo definen está Efímera, una propuesta que lleva casi veinte años en marcha: un trabajo colectivo que requiere de casi un año de preparación para mostrarse un solo día.

Efímera vive rápido, pero deja huella profunda. Junto a decenas de fotógrafos ha estado presentes en galerías y museos de Puebla y Tlaxcala, demostrando que lo instantáneo también puede ser eterno si se hace con pasión.

Heriberto no es un fanático de la tecnología. Más bien, se considera casi anti. Desconfía de la foto tomada con celular: “no se observa igual”, dice. Para él, mirar por el visor de una cámara es otra cosa. Es una manera de estar presente, de detenerse, de entender. Aunque reconoce que hay fotógrafos con celular que tienen buena mirada, también cree que falta composición, técnica, profundidad. “No estoy peleado, pero tampoco casado”, aclara.

Donde sí está completamente comprometido es con la formación. Cree que hoy se carece de buenos capacitadores, que los tiempos acelerados no permiten un aprendizaje serio. Antes, dice, los talleres exigían teoría, práctica, paciencia. Ahora todo se quiere al instante, y en ese deseo fugaz se pierde el oficio. Pero quienes logran cruzar ese umbral técnico, nunca olvidan lo aprendido.

Hoy, este fotógrafo ya tiene en su historial más de cuatro décadas de experiencia y en su cuenta de Instagram —@cmendezgaleria— y en su perfil de Facebook —Heriberto Cano— comparte parte del mundo detenido en imágenes. Pero su verdadero archivo está en los pasos que ha dado, en los caminos recorridos con su cámara al hombro, en ese Mosaico de imágenes que no es solo una exposición: es la memoria de una vida dedicada a mirar con hondura.

Porque para Heriberto, caminar es fotografiar, y fotografiar es recordar. Y en ese andar, su cámara ha sido testigo fiel de una Puebla íntima, cambiante, llena de neblina y luz.

 

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